Desde siempre se ha establecido una estrecha colaboración entre la Medicina, ingeniería y la empresa, que ha permitido dar solución a grandes problemas de salud de la población. El aumento de la expectativa de vida hace que la población sea cada vez más longeva. Y esto se asocia no sólo a un incremento del número de enfermedades degenerativas sino también a una necesidad creciente de las medidas terapéuticas para solventarlas. Uno de los problemas más frecuentes a estas edades son las arritmias, que en muchas ocasiones precisan para su tratamiento, el implante de un dispositivo de estimulación cardiaca, como un marcapasos.
La prevalencia estimada de la indicación de implante de marcapasos en la actualidad en nuestro país es de 6-7 marcapasos cada 1.000 habitante, lo que se traduce en un número de implante anual de 700-900 marcapasos.
Fruto de la colaboración entre médicos y la empresa, surgen en 1954 el primer marcapasos definitivo implantable para solventar los problemas derivados de los trastornos del ritmo que ponían en peligro la vida de los pacientes. Al principio eran generadores de gran tamaño que permitían una estimulación fija a una determinada frecuencia y cuyas baterías tenían una duración 10-15 meses.
Desde entonces hasta la actualidad, el diseño, la electrónica, los materiales, las baterías, los algoritmos y las indicaciones de estos marcapasos han sufrido una importante evolución y todo ello, en gran medida, gracias a la apuesta e inversión del mundo Empresarial en la generación de productos para la salud.

Un nuevo escalón en la escalera de colaboración entre Medicina y la empresa, ha permitido que a día de hoy los marcapasos convencionales estén constituidos por generadores de pequeño tamaño (7-10cc) con una batería de litio que les permiten una duración entre 8-14 años. Además poseen unos algoritmos que hacen posible que su funcionamiento sea a demanda, es decir que estimulan al corazón según las necesidades del paciente en cada momento, de manera que se favorece y respeta el ritmo propio intrínseco del paciente y se minimiza la estimulación, lo que contribuye a incrementar aún más el tiempo de duración de su batería. El impulso eléctrico se genera en el generador y se transmite hasta el corazón a través de los electrodos.
Los electrodos habitualmente se implantan mediante punción de vena subclavia izquierda y progresan hasta llegar a la aurícula derecha, el ventrículo derecho o seno coronario, dependiendo del lugar que se quiera estimular, donde su extremo distal se fijará para evitar desplazamiento con los latidos cardiacos. El extremo proximal de los electrodos se conectarán al generador que se alojarán a nivel subcutáneo en la región subclavicular.
Un nuevo paso más en el trabajo conjunto entre médicos, ingenieros y empresa privada, ha dado lugar al nacimiento de los marcapasos sin cables, que son pequeños dispositivos cilíndricos de 2-4 cm de longitud, que se alojan directamente en el ventrículo derecho a través de una punción de la vena femoral. Todavía sus indicaciones y uso clínicos son escasos, pero probablemente el tiempo y el desarrollo tecnológico permitirán optimizar el dispositivo con lo que se minimizarán estas limitaciones y se incrementará el número de implante y el de paciente que los reciban.

El avance tecnológico aporta innovaciones que permiten solucionar problemas, pero al mismo tiempo, el uso continuado de esos avances derivará en la aparición de nuevos conflictos, que precisarán de nuevos descubrimientos para su resolución y nuevamente será trascendente la confianza, apoyo y búsqueda de financiación de la empresa.
De esta manera, el aumento del número de implantes de marcapasos va asociado con un incremento paralelo en el número de complicaciones derivadas de los mismos. Las más frecuente son la insuficiencia cardiaca y las infecciones, que pueden ser locales cuando afectan a la piel que cubre el generador alojado debajo de ella o bien sistémicas cuando se afectan los electrodos en su trayecto intravascular. La tasa de infección publicada en la literatura para estos dispositivos es del 1-7%, lo que supone un coste de 40.000€ por paciente con una mortalidad del 10% para esta complicación.

Clásicamente, el tratamiento de las infecciones de estos dispositivos había sido conservador, es decir usar sólo tratamiento médico con antibióticos, con lo que se conseguía un 12% de curaciones, un 60% de recidiva y un 30% de mortalidad.
Como 2ª opción terapéutica y debido al alto índice de recidiva, a veces había que recurrir a la extracción de los electrodos mediante cirugía cardiaca abierta con técnicas de Circulación extracorpórea. Esta técnicas fueron posible gracias a la subida de un nuevo peldaño en nuestra escalera de colaboración. De esta forma, a través de una cánula localizada en la aurícula derecha podíamos llevarnos toda la sangre no oxigenada del organismo, dirigirla hacia un oxigenador fuera del cuerpo del paciente donde se oxigena y una vez oxigenada devolverla de nuevo al paciente para distribuirla por todo su organismo. De esta forma podemos trabajar con un corazón exangüe que puede ser abierto y manipulado sin pérdidas sanguíneas del paciente. Con esta técnica quirúrgica se consigue la curación del 86% pero con una mortalidad del 14%.

Con la intención de mejorar los resultados obtenidos del tratamiento médico minimizando sus recidivas y al mismo tiempo disminuir los gastos hospitalarios y la morbi-mortalidad de los pacientes sometidos a cirugía cardiaca con Circulación Extracorpórea, surge la idea de intentar hacer una extracción de los electrodos del torrente circulatorio mediante una tracción de los mismos. Ante esto, nos encontramos la sorpresa, que esto es posible durante los primeros meses tras el implante. Pero a medida que pasa el tiempo, se van creando unas adherencias fibrosas entre los electrodos y el endotelio de la vena y el endocardio del corazón, que impide que su extracción se pueda realizar con una mera tracción, y que con una tracción forzada pueden aparecer graves complicaciones que comprometen la vida del paciente por roturas vasculares o cardíacas.

Ante esta situación surge una nueva colaboración multidisciplinar entre nuestra necesidades en salud, los avances tecnológicos y el soporte de la empresa privada, que ponen a nuestro servicio las técnicas de extracción percutáneas de electrodos. La incorporación de unos estiletes de contratracción, que permiten hacer tracción proximal y distal simultanea del electrodo, junto con la utilización de unas vainas que mediante radiofrecuencia, láser o cuchillas metálicas van progresando alrededor del electrodo cortando sus adherencias, permiten la liberación del mismo de las estructuras vasculares y cardiacas pudiendo ser extraídos con magníficos resultados (curaciones del 96%), escasas complicaciones (5%) y baja mortalidad <1%. Por tanto, una vez más, fruto del trabajo en equipo y colaboración conjunta de profesionales de la salud, ingenieros y empresa privada, se puede solventar un problema importante de salud de la población, que de otra manera, estaría asociado a una alta morbi-mortalidad del paciente y a un incremento del gasto sanitario de la comunidad.

Independientemente del tipo de enfermedad degenerativa que padezcan los enfermos, todas ellas van a tener un denominador común que es la Insuficiencia Cardiaca, que constituye un problema de salud pública de primer orden. Afecta aproximadamente a un 2% de la población adulta y consume enormes recursos sanitarios: es la primera causa de hospitalización de mayores de 65 años, representa el 3% de todos los ingresos hospitalarios y el 2,5% del coste de la asistencia sanitaria.
Una nueva colaboración entre Medicina y empresa, a día de hoy, pone a nuestra disposición un prototipo (IVOL), que mediante medidas de bioimpedancias eléctricas con métodos incruentos permite calcular la cantidad de agua corporal y correlacionarlo con el fallo cardiaco como indicador de insuficiencia cardíaca. Los resultados son muy alentadores y si esto se confirma en un futuro próximo, puede constituir una valiosa herramienta para el diagnóstico y tratamiento precoz de la insuficiencia cardíaca tanto a nivel hospitalario, como en atención primaria e incluso a nivel domiciliario. Esto supondría una revolución similar a la que en su día produjo, el cálculo de la unidades de insulina a administrar a los pacientes diabéticos en función de los niveles de glucemia en sangre periférica. De forma similar, según el valor de bioimpedancia se podría regular por ejemplo la cantidad de diuréticos que debería tomar los pacientes con insuficiencia cardiaca. Si esto se confirma, al igual que se han conseguido disminuir los ingresos por hipoglucemias o cetoacidosis diabética, se podría lograr una reducción de los ingresos y hospitalizaciones de los pacientes con insuficiencia cardiaca, con la consiguiente disminución de su morbi-mortalidad y el gasto sanitario nacional.

Esto, no es más, que un simple ejemplo de una de las múltiples colaboraciones existentes en la actualidad entre la Medicina y la empresa privada. Pero, el reto para el futuro de estas dos disciplinas será no sólo ir subiendo peldaños de la misma escalera, sino crear una malla común con el mismo código genético en la que ambas están inmersas y que obligatoriamente se necesitan y complementan para crecer y sobrevivir y en la que sin lugar a duda, el mayor beneficiario de su existencia será la salud de nuestra población.

Encarnación Gutiérrez Carretero
CIRUJANO CARDIOVASCULAR en SAS